miércoles, 8 de agosto de 2012

Etapas de la historia de salvacion



La creación:

Dios creo el universo por sabiduría y amor, lo creo libremente, con el fin de manifestar y comunicar su gloria. La cumbre de su obra creadora es el hombre, pero el hombre desobedece el mandato de dios. Dios le promete un mesias para liberarlo y salvarlo.


Preparación del Pueblo de Dios:

Dios desde el principio ha querido la salvación del hombre. Desgraciadamente el hombre desde sus orígenes, rechazó esa amistad divina separándose así de Dios, enemistándose con sus semejantes y perturbando su relación con la misma naturaleza. A pesar de esto Dios nunca abandonó a la humanidad caída en el pecado.


Dios comienza por escoger un Pueblo:

Deseando la unión del hombre, divididos por el pecado, Dios quería formar un Pueblo y para eso eligió a los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob. Ellos son los portadores de las promesas que se harán realidad en un futuro: promesas de descendencia, de la tierra y de la bendición a todos los pueblos. A través de los patriarcas (modelos de fe, esperanza y obediencia). Dios va preparándose un pueblo.


Un Pueblo que se libera y se forma:

Los descendientes de los patriarcas se establecieron en Egipto, allí sufrieron la dominación y la esclavitud. Clamaron a su Dios y Él los liberó sacándolos de la esclavitud. Moisés fue el guía elegido por Yahvéh su Dios para llevar a cabo esta empresa liberadora.
Salieron de la tierra y marcharon por el desierto, rebelándose contra el Dios que los había sacado de la esclavitud. Dios los perdonó y les mostró su cuidado de las cosas necesarias: el pan, el agua, etc. en el desierto pactaron una Alianza con Yahvéh su Dios y así quedó constituido y formado el Pueblo de Dios.


Un pueblo que vive bajo la alianza:

Al conquistar la tierra de Canaán bajo el mandato de Josué se situó allí. Hubo momentos de gran fidelidad a Dios, pero poco a poco, no obstante las molestias de los profetas, se fueron separando de Yahvéh y olvidaron la alianza que habían pactado. Los poderosos explotaban a los débiles; utilizaban el culto y las instituciones religiosas para tener seguridad y pretender sobornar al Dios de la Alianza. Por eso Dios rechazó a su pueblo con la destrucción de los reinos de Israel y de Judá. El exilio fue el castigo a la ruptura de la Alianza.

Un Pueblo bajo la esperanza de la Nueva Alianza:


El pueblo del exilio, ayudado por diversas personas, empieza a reflexionar sobre su situación, reconoce su error y se convierte al Señor.
En este período surgen las grandes figuras de los profetas, como signo de la Alianza entre Dios y su Pueblo. Los profetas son hombres extraordinarios, llamados por Dios a ser su voz entre el pueblo. Su acción es especialmente recordar al pueblo la alianza que tienen con Dios, afianzar la esperanza en el Mesías y en su Reino, en medio del olvido y la triste suerte de Israel.



Un Pueblo bajo la Nueva Alianza:


Cuando llegó la integridad de los tiempos, Dios envió a su Hijo nacido de mujer, nacido bajo la Ley. En Jesús se cumplen todas las promesas del AT, en Él llega a su plenitud toda la Historia de la Salvación.
Con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad; instaura y hace presente el Reino de Dios, nos revela la misericordia de Dios que es nuestro Padre, manifiesta y realiza la unión de los hombres dispersos y divididos por el pecado. Agrupa en torno a sí, discípulos y gente que lo sigue, formando con ellos la comunidad, el nuevo Pueblo de Dios, abierto a judíos y gentiles. En su sangre sella la Nueva y definitiva Alianza.



La Historia de la Salvación continúa en la Iglesia:


El cuadro de la historia de la Salvación, que encuentra en Jesús su eje y su centro, continua en la historia de la Iglesia y de cada cristiano. La Iglesia es el Nuevo Pueblo de Dios, cuya cabeza es el mismo Jesús, y se conforma como Pueblo Real, eso es, de Reyes, como Pueblo Profético y Sacerdotal, que marcha con su jefe, Cristo, hacia el Reino de Dios. 

Reflexiones:

Dios a lo largo de la historia de la salvación, se nos ha revelado como un Dios cercano, que toma partido por el débil.


Dios ofrece la salvación no al hombre aislado, sino al hombre en comunidad. 


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